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Desde hace unos meses, he visto y sentido a personas vestidas de azul que vienen a visitarme. Les dicen celestes, azules, La Sangre y otros tantos nombres que ahora no recuerdo. Me sorprende verlos con tanta frecuencia. Son personas que gritan, ondean banderas azules y que aplauden con fuerza.  

Esta es mi historia con Cruz Azul en CU (Ciudad Universitaria, al sur de la CDMX), que es dónde vivo.

Algunas memorias y mis primeros recuerdos

Me llaman Estadio Olímpico Universitario, aunque mi primer nombre fue Estadio Universitario y vi todo mi esplendor cuando me inauguraron el 20 de noviembre de 1952. Es una memoria un poco vaga, pero creo que esa es la fecha exacta.

Mis padres son 3 arquitectos: Augusto Pérez Palacios, Jorge Bravo y Raúl Salinas Moro; y otros tantos albañiles que ayudaron a construirme.

Fotografía antigua del Estadio CU.

Eventos que recuerdo con cariño

Fui la sede principal de los Juegos Olímpicos de 1968. Tuve la suerte de vivir las ceremonias de apertura y clausura. En el fútbol, se jugaron en mí cuatro partidos de la Copa Mundial de Fútbol de 1986.

Además, creo que soy el único de los estadios olímpicos de México ubicado en un área lugar declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad como lo es Ciudad universitaria.

Una marea azul recorre mis pasillos y gradas

Aunque he vivido muchos momentos y competiciones —y también soy la casa de unos que llaman “felinos”, “los gatitos” o “auriazules”—, pocas veces había escuchado gritos tan ensordecedores y apasionados desde mis gradas.

Cruz Azul en el Estadio Olímpico Universitario, que soy yo, llegó con mucha afición que apoya con mucha pasión en cada partido. O esa impresión me da.

Al principio dudaba de los celestes y sus intenciones porque sus banderas no eran como las que ya conocía. No me sabía sus porras ni sus cánticos, pero poco a poco me parecen más cautivadores; llenos de orgullo, sentimiento, amor, coraje, tristeza...

Susurros, historias y nostalgia

Los pasos e historias de los celestes son distintos a los que había oído siempre. Ellos dicen que no saben si están en casa y otros responden que la casa está donde sea que juegue La Máquina.

He notado que hablan con nostalgia del Estadio Azul. Yo no lo conozco, pero supongo que deber ser como yo; con una gran cancha y muchos asientos.

Escucho y veo como los niños abrazan a sus padres y como los aficionados más grandes cuentan historias de triunfos que yo no viví, pero que ahora parecen míos. Me emociona escuchar esas memorias.

La experiencia de Cruz Azul en C.U. no debe ser sencilla para la afición celeste. Pero percibo se está adaptando a mí; y yo a ella. Empiezan a ganarse mi confianza; hasta mi aprecio.

En cada juego siento como suben por mis gradas, buscando espacio entre mis asientos y brincando en cada rincón durante todo el partido.

Fanáticos del Cruz Azul en el Estadio Universitario.

Cruz Azul en el Estadio Olímpico universitario

Tengo muy presentes los partidos del inicio del Clausura 2025. Poco a poco vi como la marea celeste de aficionados creció y cada vez inunda más mis gradas.

El primer juego de Cruz Azul fue contra Atlas en la Jornada 1. Un tal Ángel Sepúlveda anotó un penal que encendió a los celestes que celebraron por primera vez, pero tristemente su rival les anotó otro gol poco después del medio tiempo.  

Un tiempo después vino la Jornada 3 y se midieron contra Puebla. A los pocos minutos de iniciar el partido, metió gol el Azul. Y unos minutos después llegó el empaté de Puebla. Recuerdo que en los comentarios y platicas de los aficionados celestes estaba la incertidumbre, pero desde la Jornada 6 en adelante, todo empezó a cambiar.

Su primera victoria en mi cancha fue contra Pachuca: ganaron 2 - 1. No olvidó que a partir de ahí solo vi más y más personas vestidas de azul en el estadio.

Pasión celeste fuera del Azul: qué dicen de mí que soy su nuevo estadio

También pongo mucha atención a lo que dicen los cementeros —también les dicen así y eso me hace sentir aún más cercanía con ellos—. He escuchado:

  • “El cambio de estadio de Cruz Azul se siente extraño, pero lo que importa es el equipo”.  
  • “Cómo se extraña el Azul, pero ya estamos aquí. Ni modo que no gritemos para demostrarle a esos gatitos que hasta en su casa los callamos”.
  • “La neta sí me agüite cuando nos mandaron para acá, pero poco a poco se siente más nuestro este estadio”.

Cuando me pregunto: “cómo viven los fans el cambio de sede”, recuerdo esas frases, pero la que más me marcó es “¡A donde vaya Cruz Azul, ahí estaremos!”.

Siempre que empieza un juego, siento mi estructura vibrar junto a los cementeros. Sus porras y olas que suben y bajan: me cautivan y emocionan. Yo simplemente me limito a ver y escuchar ver el partido junto a toda la bulla que hacen los celestes.  

La memoria y nostalgia del Estadio Azul

Los cementeros recuerdan el Estadio Azul como un lugar que frecuentaba, lo he oído en sus conversaciones, y yo los observo, aprendiendo a ser leal en “un territorio prestado”. La experiencia Cruz Azul en C.U. es la mezcla de recuerdos y posibilidades. He vivido la certeza de que un equipo que vista camisetas azules y la de su afición que nunca lo abandona.

Todos estos celestes llegaron quizá por azar o por alguna decisión a mis terrenos, pero al menos yo los recordaré con aprecio. Sin embargo, su estadía en mis pasillos y gradas me deja buenos recuerdos; en mis a veces olvidadizas memorias.

Cuando todo ese mar de personas vestidas de azul se va y me quedo casi vacío, aún escucho los ecos de cánticos. Al finalizar el partido, vuelven a algo que llaman “hogar” o “casa”. Yo me quedo ahí. En silencio con las luces apagadas. Esperando que vuelvan pronto para seguir aprendiendo y maravillándome con ellos. 💙

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