Tabla de contenidos

Text Link

¿Quién no ha fantaseado con dejar de trabajar y convertirse en tradwife? No volver a despertarte temprano por obligación, evitarte las horas de tráfico para llegar a la oficina, olvidarte de los “¿ya pueden ver mi pantalla?”. Poder desayunar lo que tú quieras con tu café favorito, en paz y en la comodidad de tu casa.

Soltar la presión de demostrar todo el tiempo que eres productiva. De competir por un lugar dentro de la escalera profesional. De sentir que tienes que ganar dinero, cuidar una casa, criar hijos, mantenerte saludable y, además, encontrar la manera de hacerlo todo bien y con una sonrisa.

En TikTok, la vida tradwife parece ofrecer ese descanso: tu esposo se encarga de generar los ingresos y tú te dedicas al hogar. Entre recetas y vestidos de flores, dejar el empleo empieza a verse tentador.

¿Qué es una tradwife?

El término tradwife viene de traditional wife, “esposa tradicional”, y tomó fuerza en el 2020, cuando en pandemia surgió la tendencia de mostrar lo que hacía una “esposa tradicional” en su día a día.

Abrazando los roles domésticos, mostrando cómo mantener limpia la casa mientras cuida de sus hijos, compartiendo recetas infalibles para que tu “marido se enamore más de ti”, romantizando usar mandiles de encaje, idealizando la feminidad del hogar, los vestidos con flores y el cabello y maquillaje perfectamente hecho para esperar que su esposo regrese cansado de trabajar y tener el placer de atenderlo.

Dos maneras distintas de entender la vida de una tradwife

Este movimiento ha ido creciendo con el paso de los años y, con él, también han aparecido contradicciones dentro de los propios TikToks y artículos que nos encontramos en internet.

Las opiniones parten de dos lugares distintos. Para algunas mujeres, especialmente Millennials y Gen Z —como yo—, que estamos agotadas por el trabajo, por las oportunidades laborales inflexibles y por la presión de ser exitosas en todos los frentes, la vida de tradwife parece una opción para bajar el ritmo y vivir “tranquila”.

Una vida en la que mi esposo triunfa en todos sus proyectos y yo solo tenga que encargarme “de la casa” para ser feliz y ganarme la estrellita en la frente.

También existe una segunda postura, mucho más radical dentro de este trend. Una en la que esta decisión deja de ser personal y se convierte en una propuesta general de cómo debería organizarse la sociedad, una elección en donde el hombre es la autoridad del hogar y la mujer cede parte de su autonomía económica porque ese es el rol del hombre como proveedor.

Incluso dentro de estas posturas radicales, una de las cosas que se propone es que el voto deje de ser un derecho individual para convertirse en una decisión familiar encabezada por el esposo —sí, como en la serie “El cuento de la criada”—.

¿Por qué resulta tan atractiva la idea de ser tradwife?

En México, las mujeres dedican en promedio 39.7 horas a la semana al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, frente a 18.2 horas de los hombres, según la ENUT 2024 del INEGI. Si consideramos el tiempo total de trabajo, remunerado y no remunerado, las mujeres llegamos a trabajar alrededor de 61.1 horas a la semana.

Entonces, el cansancio ya no viene solo de nuestro empleo: viene también de tener un segundo turno que muchas veces ni siquiera es reconocido, ni hablamos de lo pagado.

De contestar un correo mientras haces el súper. De acordarte de comprar un regalo mientras estás en una llamada con tu equipo. De terminar una jornada de trabajo y llegar a casa para empezar otra.

Después de años de escuchar que nuestro valor está en ser productivas, exitosas e independientes, resulta irónico que muchas deseemos lo contrario. No necesariamente porque “no queramos trabajar”, sino porque esta fantasía parece prometer algo que hoy muchas sentimos que nos falta: una vida sin la sensación de estar corriendo todo el tiempo.

¿Qué ocurre con las finanzas de una mujer cuando deja de trabajar?

Imaginemos que la fantasía se cumple. Dejas tu trabajo. Tu pareja mantiene el ingreso principal de la casa y tú te encargas “solamente” del hogar. Ahora tienes todo el tiempo que soñaste.

Al principio, quizá nada cambie demasiado porque el ingreso de tu pareja alcanza para cubrir los gastos. Pero decir que “ya no trabajas” no es del todo cierto porque, si dejamos de romantizar la fantasía, por supuesto que seguimos trabajando.

Limpiar, cocinar, administrar el hogar, cuidar, hacer compras, planear comidas, resolver imprevistos y sostener la logística familiar son actividades que producen valor. Ese trabajo no tiene un sueldo y ahora dependes de los acuerdos con tu pareja para tener acceso al dinero.

Hablemos del impacto económico del trabajo doméstico

En México, el INEGI calculó que en 2024 el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado tuvo un valor económico de 8 billones de pesos, equivalente al 23.9% del PIB. De ese valor, las mujeres aportaron el 72.6% y los hombres, el 27.4%.

En promedio, el trabajo no remunerado realizado por las mujeres representó un estimado de 82,339 pesos anuales por persona. Entonces, que un trabajo no tenga un sueldo no significa que no tenga valor.

Quizá uno de los aspectos más interesantes del fenómeno tradwife es que la fantasía de no trabajar para salir del sistema funciona perfectamente dentro de este sistema. Para las creadoras que monetizan su contenido, subir estos videos mostrando cómo es su vida “sin trabajo” se vuelve su trabajo.

Ese video con una receta “atrapa-maridos” se volvió contenido que generó un ingreso para esa tradwife, probablemente, si sigue subiendo esos videos, genere una audiencia que le vea y dentro de esa audiencia puedan surgir colaboraciones con marcas o patrocinios que también se vuelvan ingresos.

Así, mientras una mujer muestra en redes una vida aparentemente alejada del trabajo convencional, la propia representación de esa vida le genera ingresos. La casa deja de ser solamente casa, se convierte en contenido y en negocio.

El costo de dejar de trabajar

Pensemos en la versión más tradicional de esta vida, tu pareja trabaja, tú te quedas en casa. La idea de ser el pegamento de una familia tradicional, ¿vale la ausencia de ingresos propios?

Una mujer puede elegir dedicarse a su hogar. Pero esto también podría implicar que deje acumular experiencia profesional, prestaciones, ahorros, contactos y, sobre todo, un patrimonio propio. Y existe algo todavía más difícil de recuperar: el costo de oportunidad.

¿Qué pasa si quisieras volver a trabajar?

El costo de oportunidad es un concepto que permite entender lo que una persona deja de construir cuando elige una alternativa sobre otra.

Imagina que dos personas inician su relación a los 25 años. Una continúa trabajando durante los siguientes diez años, mientras que la otra deja su carrera profesional para dedicarse completamente a formar y administrar un hogar.

A los 35, ambas habrán acumulado experiencia y miles de horas de trabajo, pero sus trayectorias serán muy diferentes. Y si al año siguiente, cualquiera de las dos decide buscar un trabajo o retomar su carrera profesional, ¿quién crees que tendrá más facilidad para encontrar una oportunidad?

¿Quién tendrá que explicar por qué hay un espacio de diez años en su currículum?
¿Quién tendrá que demostrar que, aunque no estuvo dentro de una empresa, durante ese tiempo desarrolló habilidades, tomó decisiones, administró recursos y sostuvo la operación de un hogar?

¿A quién podrían pedirle que se actualice, que recupere conocimientos o incluso que acepte una posición distinta a la que habría tenido si hubiera continuado trabajando?

Ahí aparece el verdadero costo de oportunidad.

Mujer joven buscando trabajado.

Mientras una persona continuó acumulando experiencia profesional, ingresos, prestaciones, contactos y posiblemente, muchos más ahorros, la otra estuvo realizando un trabajo que también produce valor, pero que no necesariamente se convirtió en experiencia reconocida por el mercado laboral o ingresos propios a su nombre.

Los años fuera del empleo también influyen en la brecha salarial, por las oportunidades de crecimiento profesional que se interrumpen.

El problema es que el costo real de dedicarse al hogar suele aparecer muchos años después de haber tomado la decisión. No necesariamente se siente cuando dejas tu trabajo. Puede aparecer cuando quieres volver.

Entonces, ¿el problema es ser tradwife?

No necesariamente, después de desmenuzar esta fantasía tampoco se trata de decirle a una mujer que no puede querer esa vida. Si alguien disfruta de cuidar su casa, sus mascotas, cocinar, criar a sus hijos y dejar que su pareja sea el principal proveedor, ¿por qué tendría que demostrar que su elección es incorrecta?

El problema sería que, al dejar de tener un sueldo, también dejará de tener la capacidad para decidir sobre su propia vida. Una cosa es elegir no trabajar y otra no tener la oportunidad de hacerlo.

¿Puedo ser una esposa tradicional sin perderme en el intento?

Puedes ser la persona que se queda en casa y aun así tener dinero propio. Puedes compartir las cuentas con tu pareja, saber cuánto entra y cuánto sale, participar en las decisiones financieras, crear sociedades como iguales dentro de tu relación y tener claro qué bienes están a nombre de quién.

Puedes construir ahorros, mantenerte actualizada profesionalmente o incluso conservar algún proyecto propio que te permita volver o mantenerte dentro del mercado laboral si quieres hacerlo. Tener autonomía económica no significa necesariamente pagar todo por tu cuenta. Significa tener opciones.

El equilibrio entre la fantasía y el poder de decisión

En México, estar casada no significa que automáticamente todos los bienes sean de ambos. El régimen matrimonial importa. Existen distintos regímenes patrimoniales y, dependiendo de cuál se haya elegido y de lo establecido en las capitulaciones matrimoniales, la propiedad y administración de los bienes pueden funcionar de manera diferente. En la Ciudad de México, por ejemplo, el matrimonio puede celebrarse bajo sociedad conyugal o separación de bienes.

Pero incluso en un régimen de separación de bienes, el trabajo de quien se dedica principalmente al hogar y al cuidado de la familia no necesariamente es jurídicamente invisible.

La Suprema Corte ha reconocido que estas actividades pueden constituir una contribución económica al sostenimiento familiar y que, en determinadas circunstancias, pueden ser relevantes al momento de determinar compensaciones y derechos relacionados con los bienes adquiridos durante el matrimonio.

La situación cambia cuando el dinero se convierte en una herramienta para controlar a la otra persona: cuando se le impide trabajar, se le retiran sus ingresos, se le restringe injustificadamente el acceso al dinero o se le oculta información financiera para limitar sus decisiones.

Tal vez a los 27 quieres dedicarte completamente a tu trabajo y construir tu imperio, y a los 37 quieres dedicarte a tu casa. Tal vez sea al revés. Tal vez descubras que quieres hacer algo distinto con tu vida profesional. Tal vez quieras estudiar, emprender, mudarte o simplemente recuperar una parte de tu independencia.

Puedes querer cualquiera de esas vidas.

Lo que no deberías dejar de querer es tener la capacidad de decidir, incluso si algún día te das cuenta de que ya no quieres lo que habías elegido antes.

Tabla de contenidos

¿Quieres saber más sobre este articulo?

Descargar archivo

Suscríbete a nuestro newsletter

Únete a nuestra comunidad y mejora la forma en la que manejas tus finanzas.

¡Gracias!

Hemos recibido tu solicitud de suscripción a nuestro Newsletter
Oops! Something went wrong while submitting the form.

Te recomendamos leer

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.