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El inicio de 2026 no está marcado por una sola variable económica dominante, sino por la interacción entre tensiones geopolíticas, ajustes comerciales y señales mixtas de crecimiento global.  

Este año no se perfila como un periodo definido únicamente por expansión o desaceleración, sino por reacomodos estructurales en el comercio internacional que obligarán a empresas e inversionistas a leer el entorno con mayor estrategia que optimismo.

Para México, entender este panorama no es cultura general: es una herramienta para anticipar riesgos, ajustar decisiones y proteger activos en un entorno donde la estabilidad depende cada vez más de factores externos.

El tablero global: crecimiento resiliente, pero frágil

El arranque del año estuvo acompañado de eventos geopolíticos relevantes —tensiones territoriales, investigaciones en organismos financieros y protestas en economías emergentes— que, aunque no han detonado crisis sistémicas, sí elevan la incertidumbre global.

Aun así, los principales bloques económicos muestran comportamientos contrastantes:

  • Estados Unidos mantiene fortaleza con crecimiento de 4.4% (T3 2025) e inflación controlada en 2.7%, señal de demanda interna sólida.
  • China conserva expansión cercana a 5%, apoyada en su sector tecnológico, mientras que
  • la Eurozona presenta inflación baja (1.7%) y desempleo estable, reflejo de crecimiento moderado pero sostenido.

México, por su parte, cerró el último trimestre con crecimiento de 0.8%, impulsado principalmente por exportaciones. Aunque la inflación se mantiene relativamente contenida (3.69%) y el desempleo es bajo (2.4%), la informalidad laboral —que alcanza 54.6%— continúa siendo el principal límite estructural para el desarrollo productivo.

México crece, pero lo hace más por demanda externa que por fortaleza interna. Esa dependencia vuelve al país especialmente sensible a cambios comerciales globales.

Balanza Comercial: Exportaciones al rescate

El superávit comercial de 771 millones de dólares con el que México cerró el año confirma la competitividad exportadora del país. Sin embargo, el dato relevante no es solo el saldo positivo, sino su composición.

Tres tendencias estructurales destacan:

  • Menos petróleo, más manufactura: Las exportaciones petroleras representan solo el 3% del total, debido a una menor producción y a que el recurso se está destinando al consumo interno.
  • El motor manufacturero: El 91% de lo que México vende al exterior son exportaciones no petroleras, donde la manufactura sigue siendo la reina indiscutible.
  • Dependencia de insumos: La mayoría de nuestras importaciones son bienes intermedios. Es decir, importamos piezas para ensamblar productos que luego volvemos a exportar.

Esto revela una economía altamente integrada a cadenas globales de valor: México no exporta únicamente productos, exporta procesos productivos ensamblados con insumos extranjeros.

El éxito exportador depende menos del petróleo y más de la estabilidad del comercio internacional. Si las cadenas globales se tensan, el impacto será directo en la producción nacional.

El reto de los bienes de capital

A pesar del superávit, el reporte identifica un punto de atención: la debilidad en la importación de bienes de capital.

¿Por qué importa esto? Porque los bienes de capital son la maquinaria y equipo que las empresas necesitan para producir más y mejor.  

Una baja en este rubro sugiere que, aunque estamos vendiendo mucho hoy, la inversión para aumentar la productividad futura está siendo cautelosa ante la incertidumbre.

El desafío de los aranceles: ¿Cómo proteger las cadenas de suministro?

Uno de los factores más relevantes para 2026 será la política arancelaria. A finales de diciembre se publicó un aumento que impacta 1,465 fracciones arancelarias, dirigido principalmente a importaciones provenientes de países sin tratado comercial con México.

La medida afecta sobre todo a sectores estratégicos:

  • textil
  • acero
  • plástico
  • automotriz

Actualmente, el 20% de las importaciones mexicanas provienen de China, seguido por Taiwán (11%) y Corea del Sur (4%). La presión para fortalecer contenido regional dentro del T-MEC explica parte de estos ajustes.

El efecto esperado es claro: a mayores costos de insumos habrá un aumento en costos de producción y presión al índice de precios al productor lo cual implica un posible traslado a inflación al consumidor.

Conclusión

El superávit comercial es una excelente noticia que confirma la competitividad de la mano de obra mexicana. El panorama global indica que los próximos años no estarán definidos por crisis abiertas, sino por ajustes graduales en comercio, inversión y cadenas productivas.  

En ese escenario, la ventaja no será de quien reaccione más rápido, sino de quien se anticipe mejor. Porque en un entorno donde la geopolítica mueve los mercados, la estrategia deja de ser opción y se vuelve requisito.

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